Luna de miel

Luna de miel

Han visto los Países Bajos, vuelven a Tierras Altas; pero una noche de verano, helos aquí Ravena, muy cómodos entre dos sábanas, donde doscientas pulgas; el sudor estival y un fuerte olor a perra.

Están de espaldas, con las rodillas separadas, cuatro piernas hinchadas de mordiscos. Echan atrás las sábanas y usan mejor las uñas. A menos de una legua está San Apolinario- en -Clase, una basílica para conocedores, capiteles de acanto que agita el viento. Tomarán el tren horario a las ocho y de Padua llevarán sus miserias a Milán, donde se hallan la Cena y un restaurant barato. Él piensa en las propinas, saca cuentas. Habrán visto Suiza y atravesado Francia. Y San Apolinario, derecho y ascético, vieja fábrica de Dios desvinculada, guarda todavía en sus piedras derrumbándose la forma precisa de Bizancio. Versión de Armando Uribe