Sweeney entre los ruiseñores

Sweeney entre los ruiseñores

“¡Ay, herido estoy por un golpe mortal! “ ESQUILO, Agamenón

_Sweeney, cuello simiesco, separa sus rodillas dejando colgar sus brazos para reír, listas de cebra a lo largo de su mandíbula dilatándose hasta ser manchas de jirafa.

Los anillos de la luna tormentosa se deslizan al poniente hacia el Río de la Plata, la Muerte y el Cuervo se desvían arriba y Sweeney custodia el pórtico encornado.

El tenebroso Orión y el Can están velados; y apaciguados los estremecidos mares; la persona con capa española intenta sentarse so bre las rodillas de Sweeney

pero resbala y tira del mantel de la mesa, vuelca una taza de café, se recompone en el suelo, bosteza y se sube una media;

el hombre silencioso vestido de castaño moka se deja caer en el alféizar de la ventana y boquea; el camarero trae naranjas, bananas, higos, y uvas de invernáculo;

el vertebrado silencioso de traje castaño se contrae y reconcentra, se hace a un lado; Raquel_ née Rabinovich arranca las uvas con garras asesinas; _ella y la dama de la capa son sospechosas, se supone están aliadas; en consecuencia el hombre de ojos pesados rehúsa el gambito, demuestra fatiga,

abandona el cuarto y reaparece asomado a la ventana, encorvándose, ramas de glicina circundan un rictus dorado;

el anfitrión conversa con alguien impreciso al lado de la puerta, los ruiseñores cantan cerca del convento del Sagrado Corazón,

y cantaron en el bosque sangriento cuando Agamenón dio alaridos, y dejaron caer sus líquidos residuos para mancillar el tieso, deshonrado sudario._

Versión de Alberto Girri