El día, está tan bello que no puede mentir: comemos de su luz nuestro pan de verdad.
Su cuerpo se desciñe y se tiende y se ofrece. Esta dicha no engaña: nada quiere.
Di: ¿no es más fuerte que nuestro amor altivo de la muerte esta sencilla gracia equilibrada que nada ejerce?
Pero cuánto pavor, violenta alma mediata, te infunde todavía esa burlona voz que a solas te susurra «estás salvada».
No, no, tu destino ni ha muerto ni es tu esclavo. Soberbia y Miedo, confesad: la vida toda fue verdad.