Desnuda aún, te habías levantado

Desnuda aún, te habías levantado

Desnuda aún, te habías levantado del lecho, y por los muslos te escurría, viscoso y denso, tibio todavía, mi semen de tu entrada derramado.

Encendida y dichosa, habías quedado de pie en la media luz, y en tu sombría silueta, bajo el sexo relucía un brillo astral de mercurio exudado.

Miraba el tiempo absorto, en el espejo de aquel instante, una figura suya definitiva y simple como un nombre:

mi semen en tus muslos, su reflejo de lava mía en luz de luna tuya alba geológica en mujer y hombre.