Y sin embargo, a veces, todavía, así de pronto, cuando te estoy viendo, vuelvo a verte como antes, y me enciendo del mismo modo inútil que solía.
Y me pongo a soñar en pleno día, y reprocho al destino, corrigiendo, como los locos, lo que fue; y no entiendo cómo no pude nunca hacerte mía.
E imagino que anoche me colmaste de placeres sin nombre, y que esa chispa perversa y de ternura en tu mirada
prueba que lo otro es nada -que gozaste, que a ti también este limbo te crispa, ¡que al fin te di el orgasmo!- y lo otro es nada.