Testamento

Testamento

Cuando me muera no dejaré bienes, un nombre sobre un libro, nada más. En la noche rebelde que partió hacia ti desde mis antepasados, porque a través de abismos y de fosos por donde se arrastraron mis abuelos, hacia ti comenzó a marchar mi libro: Hijo mío, los míos te esperaban. Deja este documento en tu almohada. Es la primera vez que se expresaron los siervos de hopalanda, es la palabra de sus huesos vaciados en mí mismo. Para que hoy por la primera vez se transforme la pala en lapicero y en tintero la tierra, nuestros antepasados amasaron el sudor del trabajo de los siglos. Con ruda voz, hablándole a los bueyes, di nacimiento a las palabras nuevas ya la canción de cuna de mañana. Luego amasando el largo tiempo duro le di forma de ídolos y sueños. Convertí los harapos en coronas. Y cuando transformé el veneno en miel la dulce forma se mantuvo intacta. Hilando el hilo del insulto a veces tejí la gentileza o la blasfemia. Y en el atrio patricio la ceniza de los muertos cambié en un dios de piedra: En esa alta frontera de dos mundos fue mi deber velar desde la altura. Mis tristezas amargas, mis dolores, en un solo violín se acumularon a cuyo son puede el señor bailar como si degollaran un carnero. Del fango, de las llagas, del horror, hice que renaciera la belleza. El látigo de ayer es hoy palabra, es el dulce castigo para el hijo por el crimen de todos y las cárceles. Es el derecho de una rama oscura que sale de la selva hacia una estrella y así como un racimo de verrugas se anuncia el fruto del dolor humano.

Perezosa, tendida en el sofá, ay, la princesa sufre por mi libro. Porque, letra de fuego o de herrería, en mi libro se casan y se funden como el hierro quemante y la tenaza. El siervo lo escribió. El señor lo lee, pero no ve en el fondo de sus letras la cólera de mis antepasados.

1927 Versión de Pablo Neruda “De 44 poetas rumanos” Ed. Losada