Es noche, invierno ruinoso. Tú alzas un poco los visillos, miras. Vibran tus cabellos salvajes, la alegría te dilata de pronto el ojo negro;
pues lo que tú has visto -era una imagen del fin del mundo- te conforta y hace cálida y suave tu alma más hundida.
Un hombre se aventura por un lago de hielo, bajo una lámpara torcida.
Versión de Jesús López Pacheco