El olvido

El olvido

No es tu final como una copa vana que hay que apurar. Arroja el casco, y muere.

Por eso lentamente levantas en tu mano un brillo o su mención, y arden tus dedos, como una nieve súbita. Está y no estuvo, pero estuvo y calla. El frío quema y en tus ojos nace su memoria. Recordar es obsceno, peor: es triste. Olvidar es morir.

Con dignidad murió. Su sombra cruza.