Estuvimos enfermos, se quebraban los cuerpos de los padres. Fueron largas las noches, y en ellas sospechábamos lo que nunca nos cumpliera saber.
Deshojábamos la negra margarita y nos amaba la que con todos quiere, la de la trenza fría.
Y fuimos mal casados.
Porque sólo nos quiso la niña malcarada, mala boda arreglamos: llovió nupcial arroz en nuestro día y era amarga la semilla de achicoria sobre los cráneos mondos.
Porque sólo nos quiso, madre, la de la helada trenza, la que con todos anda, la que con todos quiere.
Y ay que es larga la noche, por dormirla con ella.
De “Cantar de ciego”