Contemplándote arder

Contemplándote arder

Así quisiera recordarte, poderosa en tu entrega, destilando tu miedo -uva negra y pisada en la barrica añeja de la sabia lujuria- para lograr tragarlo dulcemente convertido en el vino que nos ofrece un dios.

Que tu placer solar me proteja en la noche, que me recuerde siempre esa imagen del mundo en que dos cuerpos jóvenes han vencido a la sombra y se sienten brillar en su luz invencible.

¿Y quién nos acompaña, si el rodar del camino va rompiendo los ejes de la frágil tartana del amor? ¿Y quién nos acompaña, a no ser la memoria, ese clavo en la herida, esa sombra sin cuerpo?

Humo frío será la amada carne, y quedará mi carne sin refugio, acompañada sólo de la triste memoria, esa sal en la llaga, esa llaga sin cura.

Y luego la memoria se deshará en el polvo. A ese polvo sin madre que el viento ha de barrer y que serán tus huesos, yo quisiera salvarlo esta mañana. A ese cuerpo que hoy, al contemplarlo arder bajo mi llama hambrienta, un segundo entreví aventado en el soplo sin medida del tiempo, yo quisiera salvarlo en la palabra, para siempre feliz en su fuego de ahora. Y he sentido un mareo de atropellados siglos, de lunas y de soles sin nosotros.

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