Desvalido orgullo

Desvalido orgullo

Pues sabemos del viento, la aristocracia somos, desvalida, de lo que el viento lleva.

Somos sólo el cobijo transitorio del arraigado sueño que en la pasión pervive, y en la noble tarea de alimentar un sueño nuestra vigilia apuesta su cumplimiento altiva.

Del desafío antiguo la victoria se cobra, solamente, donde lo sabe y canta nuestra fe: en el nuevo vigor con que afrontamos el renovado lance desigual. Y en la noche invidente de los tiempos que la conciencia alumbra, dolorosa, nuestros ojos se abren a ese único día que repite su aurora clausurada.

El destilado somos, milenario, de la sangre y del vino, de una dura progenie esforzada y dichosa por la que sabe, sorda, de su nombre la rosa. * * *