En las horas oscuras

En las horas oscuras

En las horas oscuras que van creciendo en nuestras vidas al igual que la noche se alarga en el invierno, en esas horas, a menudo, una imagen tenaz y hermosa me consuela. Regreso hasta una playa de otro tiempo, todavía cercano. Es un día precioso de final de septiembre, brilla el mar con su estructura lenta, sugestivo y exacto como un cuchillo. Quedan unos cuantos bañistas a esa hora dudosa de la tarde, y no estoy solo, un grupo de muchachas me acompaña, el sol dora sus cuerpos de diecisiete años, y es ya fresca la brisa, y en sus nucas la humedad reaviva el aroma a colonia. Y la tarde transcurre dulcemente, mas sin gloria especial, y las muchachas ríen, y me dan su alegría, aunque no amo a ninguna, y hay un aire de adiós en cada cosa: en el mes avanzado, en los bañistas, en el estío lento, en aquellas muchachas que desconozco hoy, y en la luz de la playa.

Apuré aquel momento agradecido, al igual que se goza un hermoso regalo, en su dicha sereno, destinado a perderse tras la felicidad frecuente de esos años. Y ahora comprendo que en aquella tarde algo más que belleza se ocultaba, porque su luz me salva, muchas veces, en las horas oscuras, y se empeña, con una obstinación absurda que me asombra, en volver a mis ojos y a mis días. En las horas oscuras una imagen tenaz y hermosa me consuela, y me lleva al verano ya una tarde. y yo aún me pregunto por qué vuelve, y qué es lo que perdí en aquella playa. * * *