La llamada de la selva

La llamada de la selva

Siempre fue la tristeza un dócil animal de compañía con el que yo he jugado algunas tardes. Sin apretar los dientes me estiraba del brazo, paseaba conmigo, se sentaba a mis pies en los fríos inviernos. En los días aciagos, por probar su obediencia, le lanzaba mi alma, y ella me la traía dulcemente empapada en su aliento doméstico. Siempre fue la tristeza un dócil animal de compañía, que hace tiempo ha adoptado esta fea costumbre de morder a su amo. * * *