Hubiera sido un samurai, un ser parco con precisión de tigre. O en un mercado aquella prostituta de los dientes enormes y picados. Morir en un crepúsculo sangriento o entregar por monedas mi calor. Escribí sin embargo estas palabras desde un siglo sin brillo, oscuro, triste, como una, mujer fea que abandona intacta, sin gozarla, el enemigo.
Al hombre oscuro y vil que renuncié lo hubiérais alejado de los niños, mas confiáis en mi apariencia bondadosa y no delataré mi enfermedad. Nada sabréis de sus secuelas, nada del hombre que acompaña vuestros días.
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