En la noche avanzada y repetida, mientras vuelvo bebido y solitario de la fiesta del mundo, con los ojos muy tristes de belleza fugaz, me hago esa pregunta. Y también en la noche afortunada, cuando el azar dispone un cuerpo hermoso para adornar mi vida, esa misma pregunta me inquieta y me seduce como un viejo veneno. Y a mitad de una farra, cuando el hombre reflexiona un instante en los lavabos de cualquier antro infame al que le obligan los tributos nocturnos y unas piernas de diosa. Pero también en casa, en las noches sin juerga, en las noches que observo desde esta ventana, compartiendo la sombra con el cuerpo entrañable que acompaña mis días, desde esta ventana, en este mismo cuarto donde ahora estoy solo y me pregunto durante cuánto tiempo cumpliré mi condena de buscar en los cuerpos y en la noche todo eso que sé que no esconden la noche ni los cuerpos. * * *