Maneras de escuchar un blues

Maneras de escuchar un blues

A Eloy Sánchez Rosillo

Es hermosa esta noche de verano, aunque no más hermosa que cualquier otra noche de verano. Es hermosa esta noche en que estoy solo, y fumo, y he dejado en penumbra la casa mientras suena un dulce y triste blues, un blues tan triste y dulce como otros. Nada en mí, ni en la noche, ni en la música, se diría especial, y sin embargo existe algo muy hondo en esas cosas que parecen sencillas: una extraña grandeza que no acaba de ser exaltación, tragedia, paz, pero que es todo eso, y es también un sentir claramente que para que esto ocurra ha sido necesario apurar estos años, acumular recuerdos, haber ganado y haber perdido tantas cosas. Para que este piano suene así, para temblar así con esta música, ha sido necesario ir llenándola poco a poco de belleza y de daño, ir llenándola con nuestra propia vida, para que se parezca a nuestra propia vida, y suene así: tan insignificante y tan grande, tan triste, tan hermosa.

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Que nuestras manos puedan protegernos del sol, que eclipsen su contorno totalmente, no debiera ocultarnos el tamaño de ese astro al que quiero llamar padre. Bajo su luz desnuda no precisan las cosas de adjetivos: la mañana del mundo es cuanto tengo, contra su cielo soy un cuerpo frente al mar que ahora procura disfrutar de su instante en el hueco sin pausa de los siglos.

Austeridad y lujo de lo exacto.

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