Es ahora la vida esta extraña y frecuente sensación de sopor y distancia, y es también una luz que vela el mundo: salir del caserón tras la comida, recorrer bajo el sol la carretera con los ojos ardientes de un verano y sentarme en la roca frente al mar. Abandonarme entonces al sonido sin pausa de la tierra mientras me vence el sueño algún instante y me moja las sienes con su agua bendita. Descubrir con asombro renovado al pescador que vuelve cada tarde, como vuelven las olas, como vendrá la brisa con la noche. y esperar otra vez sobre la roca, abrumado en el centro de la vida, a que la sombra inunde lentamente mi sombra. * * *
Septiembre, 22
Me dices que es absurdo el universo, que la vida carece de sentido. Pero no es un sentido lo que busco, cualquier explicación o una promesa, sino el estar aquí y a la deriva: una simple botella que en la playa aguarda la marea. Sí, la palabra justa es abandono: una dulce renuncia que me nombra señor y dueño al fin de mi camino. Queden hoy para otros los afanes del mundo, y que mi mundo sea la magia de esta casa tomada en su quietud por la penumbra, saber que nadie llegará a interrumpir mi tarde, que no habrá sobresaltos, ni voces, ni horas fijas, porque ahora es tan sólo transcurrir mi gran tarea.
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Octubre, 24
Mediodía con sol, redondo y sin final como el deseo. Cuerpo y roca o sopor que los omite. Soledad absoluta y el silencio tan especial del mundo cuando calla. Ausencia y plenitud. Estancias y retornos. Existir: luz ya que en mí confluye. Sobrevivo.
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