La tarde pastoral, de alterno cielo rayos de tu tormenta desatados, mas luego azul total, cielo amados, me llena de pasión o de desvelo.
Asciendo así del tormentoso anhelo a una paz de reposos entregados, mas desciendo otra vez a los estados mismos de que partí para mi vuelo.
Ay, esta indócil pleamar me inunda, esta tarde frenética y liviana. Déjame, pues, sí, deja que me hunda
en este frenesí de lluvia vana. Luego me elevaré hasta ti, profunda. Luego serás mi primavera humana.