No sabe qué es amor quien no te ama. No sabe qué es amor quien no te mira. Tú arrancaste a su alma y a su lira el son más dulce, la más fiera llama.
¿Qué fue de tanto amor por tanta dama? Sólo cenizas de la inmensa pira. Se nubla la mirada, el cuerpo expira, y el alma quiere asirse a la alta rama
de Dios, que con sus silbos amorosos te hechiza en la honda calma del verano. Madrid, a mil seiscientos treinta y cinco.
Pasaron ya los años venturosos y los amargos. Todo pasó en vano. Y a Dios te entregas con mortal ahínco.