Amo el otoño y amo su tristeza, su cielo gris, sus árboles borrosos entre la niebla, vagamente hermosos… ¿No amáis también vosotros la belleza
desnuda del otoño? El alma empieza a hacerse buena y honda. ¡Y qué piadosos se hacen los viejos sueños ardorosos! ¡Qué humana ahora la naturaleza!
Oh cielo bajo, luz tan tamizada, luz tan vencida, compasivo empeño de dar al hombre asilo y sombra amada.
No sé si el mundo es ya triste o risueño. Dios se ha dormido. El alma está callada. Se me ha llenado el corazón de sueño.