No te merezco, no. Yo canto, canto, y te quiero, te quiero, sí, te quiero, y sólo por ti vivo y por ti muero, y sé que hasta tu cima me levanto.
Pero no es en tu cima en donde canto, sino en el valle en que me desespero de no poder vivir siempre señero, y callar, callar sólo, amarte tanto.
Oh, bajo y pobre mundo, limitado poder de la expresión, oh lengua mía. en cambio tu mirada, qué logrado
silencio y poderosa luz del día. Tú me devuelves más que yo te he dado, pues tú eres tú, yo sólo mi poesía.