Sólo tú, sólo tú puedes salvarme y darme libertad si me encadenas. Dame la sangre virgen de tus venas, acude con tu vida a libertarme.
A encadenarme, a desencadenarme, así mis horas fluirán serenas por el caudal feliz en que e ordenas. En tu inocencia pueda yo ampararme.
tu voz, tu voz… ay, oigo que me llamas, y tus ojos me miran tan profundos, -ojos que no han mirado aún a la vida-.
Salvado estoy sabiendo que me amas. Oh, luz divina de no sé qué mundos, purísima promesa concedida.