y ahí estaba tu noche. Tú venías, venías con tu vida y tus recuerdos, con tu voz y tus pequeños papeles amarillos, con tu alegría y tus angustias, pero nadie sabía de dónde venías. Sonaban las guitarras en la sombra de tu corazón, y había aguardiente en conchas de fuertes frutas, el aguardiente que incendia las venas con forma de relámpago sobre un turbio galopar de caballos. Y el joropo en el arpa te agitaba una nueva melodía, y había una nueva tristeza para ti, y una nueva alegría. Aquella gente era tu gente. Un día te ibas con ella en el fragor de una guerra civil.