sobre la tierra y hacia la nada, desde el círculo incendiado de tus experiencias, desde todas las puertas cerradas, desde la calles perdidas, desde los perros que aúllan frente a los cadáveres, desde los puertos que inflaman sus alcoholes en la noche, desde la pobreza que va huyendo por las callejuelas, desde las mañanas, desde aquel cielo de samaritanas, desde aquellos cerezos temblorosos, a cuya sombra mi madre esperó que yo viniese de ti como el sencillo regalo de un pobre; tú, junto a ella, levantas mi sombra en los valles de mi propio corazón.