He oído los cascos de un caballo temblar en la colina. No he hecho nada.
He comido raíces y el fruto de las bayas que crecen sin provecho entre las calaveras. No me ha ocurrido nada.
He tocado la estela de tu cuerpo. He visto nuestras cartas húmedas y arrugadas. He pasado la lengua por los labios que sólo a mí me cierras. No he sentido nada.
Publicado en la antología “Del goce y de la dicha”