Bubólica
Arrancar florecillas del campo está hecho para nosotros.
Y saltar riachuelos sin que el salto nos impida seguir con la mirada los deslices plateados del pez vivo.
Oír la esquila y ver las nubes bajas confundidas con los recién nacidos del rebaño.
Recostarse a la sombra del arbolito que apenas tiene y observar cómo crecen las crías de la reina de las rapaces.
Una naturaleza pequeña le conviene a nuestro repentino y algo escuálido amor.
Publicado en “Ínsula”