¿Eres col o me escuchas, oreja de los campos que el genio de la tierra más profunda ha tenido el capricho de moldear así, como espiral de carne que respira?
Ya no puedo comerte, por respeto. Lo más probable es que tengas vida, blanca col, col acaracolada, y si muerdo los nervios de ese cuerno de tu abundancia oiga al fondo la queja de las manos de los hombres que han tardado un año y algunos siglos más de raciocinio en darte forma.