Marcel Proust

Marcel Proust

Buscando, buscando, halló, en efecto, acurrucado entre los pliegues calientes de la sábana, a su sexo de por las mañanas, el pequeño y burlón, que le enviaba gestos como queriendo continuar su reposo.

Proust, sin embargo, se mostró aquella mañana inflexible y se lo calzó ( ayudándose de un cucharón de palo y del manípulo de cinc), y ajustábase después los faldones de la redingote pronunciando con decisión el apellido del chofer, “Fontainebleau” .