I Más palabras no engendres en mí, torvas criaturas que envilecen y editan su métrica satánica. Yo te amaba y por eso te inventaba besándote. La vida no era un verso. ¡Y la encontré contigo!
II Te amaba con locura. De la vida. ¿qué tuve? Sólo una inmensa pira que ardía inextinguible. Pero ni la traspuse ni me abrasé con ella. ¿Más allá de nosotros? Fama de la ceniza.
III Oh límpido y amado don de tus ojos de oro qie se atribuló mi vida de martirios dulcísimos. De aquel trance, dos lágrimas hoy sangran resbalando y doliendo, acosándonos de ternura y de dicha.
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