Tres poemas

Tres poemas

Homenaje a Pablo García Baena

I Cuan largas, tortuosas, miserables e inútiles son siempre las congojas del amante obstinado. Su pensamiento yerra aunque acierte su instinto, su corazón se aprieta de agresivos venablos sin objeto, a no serlo de su propio veneno. Pero es tanta su cómplice alianza con todo, es tan fuerte su abrazo solitario al hastío que se inmolan ligeros en fragmentos de gloria, desnudos, en la hoguera de una pasión sin nombre. Oh, qué yerta corona de pavesas altivas, qué confín tan oscuro de heroicas cintas mustias. Todo se prometía tan risueño, tan dulce… Fueron tantos aquellos vehementes deseos… Como raros y ajados estandartes de escarnio flamean. Son beodos de elegantes maneras, sordos a la ternura que ya no reconocen.

II Cuando ayer me pediste que escribiera unos versos de amor, para regal0 de quien tú tanto amas, sentí que no debía negarme a tu deseo, pues con él me brindabas la ocasión, tal vez única de revelarte todo el que por ti yo escondo. Y así, cuando en el pecho de tu dulce criatura mis palabras estallen como encendidas rosas, yo no estaré del todo ausente a ese perfume. Yo vibraré un instante tan cerca de vosotros como de ti lo está, mientras viva, mi alma.

III Esta hermosa sortija, cuyas piedras un día fueron entre tus dedos mortecinos jacintos, hoy me ciñe del vago recuerdo de tu carne, del intenso y oscuro aroma de tu alma. Quién, entonces, podía imaginarlo, amor mío: alma y cuerpo en un solo y unísono destello.

De “Poemas ancestrales” 1980