Éste que sale a media tarde y solo, sin nada más que una toalla limpia bajo el brazo, a la luz menos comprometida de septiembre, con cara de haber visto, no sé, algo muy nuestro, y ganas poderosas de bañarse, de entrar como si nada en este mar de oleajes sin fondo, en este mar que ya ni es cielo ni es azul, pero busca y alcanza y desaloja con fuerza todavía; éste que sale a media tarde y solo, en fin, con ganas de bañarse y disfrutar de veras, a la luz ya casi clandestina de las playas, para salir después como borracho, otro y el mismo, limpio, con los ojos a punto para ver nuevamente, parece saber algo de nosotros, algo que ya sabemos, pero qué.