(con la primera luz)

(con la primera luz)

Al alba nadie sabe nada… Vean: ninguno de nosotros se atrevería a hablar del sol que ahora despunta solamente como una sola y libre flor del prado, sólo un milagro más entre la hierba.

Todo es silencio todavía, nadie se atrevería a entrar con sus viejas palabras en este manantial de sombras y de nieblas, de azulados reflejos y caminos que siguen siendo aún un poco de la noche.

Fruto desnudo de la oscuridad, tiembla como nosotros cada día, en su árbol celeste y triste: el árbol que nos da sólo su frío del comienzo, puro, en húmedos abrazos, lentos, inabarcables.

Recogemos así el nuevo día, el aire que al hacerse visible nos asombra, el aire sin razones, prodigioso, siempre con su cosecha diferente: la dulce claridad entredormida. Y ahora el sol que está aún entre nosotros, abajo, entre las flores, se revela por fin como un obsequio inesperado, sólo un alimento más del bosque -en las más breves y transparentes gotas de rocío-, oh sí: la bebida primera indescriptible.