Un hombre lleva puesto cada día su sombrero de paja y sube andando el camino del bosque. Saludamos a este solitario diferente y él también nos devuelve unas palabras con amabilidad y simpatía.
Sabe que estamos siempre aquí, en esta curva, contemplando supuestamente el mar y el precipicio seguro de los pájaros. Y nunca se detiene, no pregunta, sigue a solas su ritmo y silba cada día cuando pasa.
No sabe que le estamos esperando, que hemos venido aquí sólo para mirar cómo camina, cómo mueve los pies, cómo conoce el bosque y los senderos imposibles. No sabe todavía que le esperamos siempre, en esta curva, sólo para poder ver y pintar su paso firme y claro, su mirada profunda, deseable.
Sólo y por fin para estudiar a fondo, el perfil de sus huellas muchas veces, la música, el calor y la alegría de su forma de andar cada mañana. Ese momento decisivo de ver cómo se aleja una vez más, silbando, entre nosotros, por el mismo camino diferente. De “Libro de los trazados” Tusquet__s Editores 2005