Canción serena

Canción serena

Un día puro, alegre, libre quiero. Fray Luis de León

No me dejéis así: Sorbido por la tierra hondísima y vibrante como el clamor penúltimo; con este olor maduro de soles y horizontes abriéndome en el pecho un surco luminoso.

No es que el cuerpo me suene a cristal derramado ni que diez corazones me alanceen las yemas, ni que cielos redondos agolpen sus rebaños a mis ojos mastines, ladradores de cimas.

Es que un mar fugitivo rinde velas y senos y pétalos y espumas en la gozosa playa donde el rumor se atreve a mancillar la sombra. ¡Y se me ciegan labios y gritos y pupilas!

Es que siento que el aire es de carne dulcísima y la luz sólo luz. Que el contorno me huye a bandadas blanquísimas de palomas y lirios y me abandonan manos y dientes y melenas.

¡No! ¡No me dejéis así! Moriría desnudo sin sentirme morir.

Y mi pobre vestido, con su sangre caliente, se hundiría, esperando mi imposible retorno.