Esa mujer que se arroja fría y lúbrica en los brazos, y a sus senos. Me aprieta, me besa y balbucea versos, rezos a Dios, votos obscenos.
Esa mujer, flor de melancolía que ríe de mis pálidos recelos, la única entre todas a quien di caricias que jamás a otra daría.
Esa mujer que a cada amor proclama la miseria y grandeza de quien ama y feliz de mis dientes guarda huella.
¡Un mundo, esa mujer! Es una yegua quizás, pero en el marco de una cama nunca mujer alguna fue tan bella.
Versión de Mariano Ramos