Entramos en la cabina y estábamos allí solos los dos. Nos miramos sin hacer otra cosa. Dos vidas, un instante, la plenitud, la felicidad… En el quinto piso ella bajó y yo, que continuaba, comprendí que nunca más la vería, que era un encuentro de una vez para siempre y que aunque la hubiera seguido lo habría hecho como un muerto, y que si ella se hubiera vuelto hacia mí sólo hubiera podido hacerlo desde el otro mundo.
Versión de Clara Janés