Estaba solo, completamente solo, incluso el sueño nocturno me había abandonado… De pronto me pareció oír no unas palabras sino unos sonidos, unos sonidos siempre en tres suspiros Como viento y harina… “¿Qué puede ser eso? ¡No hay tiempo que perder!”, mascullé, y enderezándome el cabello con un trago de vino me puse en pie y, desnudo, palpé en la oscuridad y un momento después la negra fiebre de mi mano abría el armario… En su interior las polillas agitaban los trajes… Soy más mortal que mi cuerpo… Versión de Clara Janés