El poema que ocupó el lugar de una montaña

El poema que ocupó el lugar de una montaña

Allí estaba, palabra tras palabra, El poema que ocupó el lugar de una montaña.

Él aspiraba de su oxígeno, Incluso cuando el libro yacía del revés sobre el polvo, en su mesa.

Le trajo a la memoria cómo necesitó De algún lugar para seguir su rumbo,

Cómo llegó a recomponer los pinos, A trasladar las rocas, abrir camino entre las nubes,

Para una perspectiva que sería perfecta, Donde él se consumase en una inexplicable consunción:

La exacta roca en donde sus inexactitudes Descubriesen, al fin, el panorama hacia el que había tendido,

Donde pudiese yacer y, contemplando el mar, Reconocer su hogar, único y solitario.