Cuerpos desesperados del estío. Con el sexo vibrando en las cigarras; en úes de torcazas y guitarras y en las fogatas alumbrando el río.
El ojo que descubre lo prohibido, el halcón sobrevuela la ventana y ve el flanco de púber porcelana o de pura obsidiana.. Combatido
por el dogma, el prejuicio, la costumbre; la venda, la censura, el anatema, la letra púrpura, el auto de fe..
Todo por el hechizo y dulcedumbre de la materia prima del poema.. Que aunque cierres los ojos, sigue en pie…
De “Poesía” 1959-1962