Probablemente, cuando su amigo le sacó esta instantánea, el trovador pensaba en inscripciones de lápidas hebreas, cisnes, bueyes perdidos. Sentado en una silla, lee un libro no determinado; el cuerpo levemente en arco, lentes de carey grueso, el pelo corto (período de vacas flacas) el buzo y pantalón -acaso- grises (en el gris dominante de la toma). La imagen, es imagen solitaria. ¿Leía en su retiro, esperando mejores tiempos de la canción y de la alondra? ¿Leía en realidad? ¿O meditaba el tono de aquel verso, aquel acorde, en Alicia despojada de toda maravilla, la relación filosa del tiempo y su trabajo, esa segunda realidad que duele? La delgada figura adolescente (mano con cigarrillo) absorta es un detalle del friso. El friso que no ves, porque eres parte del mismo. Fragmentaria como toda aprehensión de este terrible huevo. De “Fotos” 1986