Bellas cosas señeras; la noble cabeza de O’Leary: mi padre, en el escenario del Abbey, ante una multitud furiosa: «Esta nación de santos» y luego, cuando los aplausos se extinguían: «De santos de escayola»; echada hacia atrás la bella cabeza maliciosa. Standish O’Grady buscando apoyo entre las mesas y diciéndole a un auditorio borracho palabras de eminente insensatez; Augusta Gregory sentada en su gran mesa de ormulu cuando se acerba su octogésimo invierno: «Ayer me amenazó de muerte». Le dije que todas las tardes, de seis a siete, me sentaba esta mesa, con las persianas subidas»; Maud Gonne esperando un tren en la estación de Howth Palas Atenea en la espalda erecta, en la cabeza arrogante: todos los Olímpicos: algo que jamás volverá a verse.
Versión de Hernando Valencia Goelkel