He visto a la mañana en plena gloria los picos halagar con su mirada, besar con su oro las praderas verdes y dorar con su alquimia arroyos pálidos;
y luego permitir el paso oscuro de fieros nubarrones por su rostro, y ocultarlo a la tierra abandonada huyendo hacia occidente sin ventura.
Así brilló mi sol, un día, al alba, sobre mi frente, con triunfal belleza; una hora no más lo he poseído y hoy me lo esconden las aéreas nubes.
No desdeñes mi amor: si el sol del cielo se eclipsa, han de velarse los del mundo.
Versión de Manuel Mujica Láinez