No dejes, pues, sin destilar tu savia, que la mano invernal tu estío borre: aroma un frasco y antes que se esfume enriquece un lugar con tu belleza.
No ha de ser una usura prohibida la que alegra a quien paga de buen grado; y tú debes dar vida a otro tú mismo, feliz diez veces, si son diez por uno.
Más que ahora feliz fueras diez veces, si diez veces, diez hijos te copiaran: ¿qué podría la muerte, si al partir
en tu posteridad siguieras vivo? No te obstines, que es mucha tu hermosura. Versión de Manuel Mujica Láinez
No me sucede lo que a aquel poeta…
No me sucede lo que a aquel poeta que versifica a una beldad pintada, y al cielo mismo empleá como adorno, midiendo cuánto es bello con su bella;
y en henchidas imágenes la acopla al sol, la luna y a las gemas ricas y a las flores de abril y a las rarezas que el aire envuelve en este globo vasto.
Sincero amante, la verdad escribo. Mi amor es tan gentil, podéis creerme, como cualquier hijo de madre, y brilla menos que las candelas celestiales.
Dejad que digan más los habladores; yo no quiero ensalzar lo que no vendo.
Versión de Manuel Mujica Láinez