¿Por qué me prometiste un día hermoso y a viajar sin mi capa me obligaste, si me dejaste sorprender por nubes que en su bruma ocultaron tu destello?
No me basta que surjas de la niebla y que la lluvia enjugues en mi rostro, pues no ha de ponderar ninguno el bálsamo que cicatriza pero no remedia.
Ni tu vergüenza a mi dolor aplaca, ni tu remordimiento a lo perdido: del ofensor la pena poco alivia a quien la cruz soporta del agravio.
Pero tus lágrimas de amor son perlas y su riqueza todo el mal rescata.
Versión de Manuel Mujica Láinez