Señor del amor mío, cuyo mérito obliga mi homenaje de vasallo, te envío esta embajada manuscrita, mi devoción probando y no mi ingenio.
Grande es mi devoción: mi pobre espíritu la muestra sin ropaje de vocablos y espera, aunque desnuda, que en tu alma le dé tu comprensión sutil albergue;
hasta que el astro que mi andanza guía me señale con brillo favorable, y al ornar mis andrajos amorosos haga que yo merezca que me mires.
Así podré exhibir mi amor ufano, pero hasta entonces rehuiré la prueba.
Versión de Manuel Mujica Láinez