Musée des beaux-arts

Musée des beaux-arts

Acerca del dolor jamás se equivocaron Los Antiguos Maestros. Y qué bien entendieron Su función en el mundo. Cómo llega Mientras alguno cena o abre la ventana O nada más camina sin objeto. Cómo, mientras los viejos aguardan reverentes El milagroso Nacimiento, habrá siempre Niños sin mayor interés en lo que ocurre, Patinando En el estanque helado a la orilla del bosque.

No olvidaron jamás Que el eterno martirio ha de seguir su curso, Irremediablemente, en sórdidos rincones, Donde viven los perros su perra vida Y la yegua del verdugo se rasca Las inocentes grupas contra un árbol.

Por ejemplo, en el Icaro de Brueghel: Con qué serenidad Todo parece lejos del desastre. El labrador oyó seguramente El rumor de las aguas y el grito inconsolable. Pero el fracaso no lo conmovió: Brillaba el sol como brilló en el cuerpo blanco Al hundirse en las aguas verdes.

Y la elegante y delicada nave Debió haber visto lo inaudito: La caída de un niño que volaba. Pero el barco tenía un destino Y siguió navegando en calma. 1939

Versión de José Emilio Pacheco