La sensación de peligro no debe desaparecer: el camino es sin duda tan breve como escarpado, por muy paulatino que parezca desde aquí; mira si quieres, pero tendrás que saltar.
Los hombres duros se ponen sensibleros en sueños y quebrantan las ordenanzas que cualquier necio puede respetar; no es la convención sino el miedo lo que tiene tendencia a desaparecer.
Los esfuerzos cavilosos de la masa atareada, la suciedad, la imprecisión y la cerveza rinden unas cuantas agudezas todos los años; ríete si puedes, pero tendrás que saltar.
Las prendas que se considera adecuado vestir no serán baratas ni prácticas, mientras consintamos en vivir cual ovejas y nunca mencionar a quienes desaparecen.
Mucho cabe decir a favor del desparpajo social, pero alegrarse cuando no hay nadie es más difícil incluso que el llanto; nadie mira, pero tienes que saltar.
Una soledad de diez mil brazas de hondura sustenta el lecho en el que yacemos, cariño: aunque te quiero, tendrás que saltar; nuestro ensueño de seguridad debe desaparecer. Diciembre de 1940 Versión de Eduardo Iriarte “Canción de cuna y otros poemas”