Todo lo que la noche dibuja con su mano de sombra: el placer que revela, el vicio que desnuda.
Todo lo que la sombra hace oír con el duro golpe de su silencio: las voces imprevistas que a intervalos enciende, el grito de la sangre, el rumor de unos pasos perdidos.
Todo lo que el silencio hace huir de las cosas: el vaho del deseo, el sudor de la tierra, la fragancia sin nombre de la piel.
Todo lo que el deseo unta en mis labios: la dulzura soñada de un contacto, el sabido sabor de la saliva.
Y todo lo que el sueño hace palpable: la boca de una herida, la forma de una entraña, la fiebre de una mano que se atreve.
¡Todo! circula en cada rama del árbol de mis venas, acaricia mis muslos, inunda mis oídos, vive en mis ojos muertos, muere en mis labios duros.