A Manuel María

A Manuel María

He aquí el mío, vientre sin luz donde no vive nada.

He aquí la mañana de otoño, con ordenadas nieblas sobre el Ulla, en tristísima Tierra de Bea.

He aquí a los camaradas perdiendo una batalla cada día y ganando el futuro y el fulgor en los ojos y en las quijadas de metal.

He aquí al amigo presente como los montes nativos coronados de miedo.

He aquí las manos suyas perdidas en el incansable dibujo de letras como pequeños estandartes en el destino nacional de piedra.

He aquí sus ojos de terciopelo rural y deteniendo el proceso de lo ruin; un conjuro vegetativo, lento como el pasar del Miño, cosa nuestra.

He aquí su presencia terrenal, a través de procesiones horribles de días como lobos proclamando dinamita oculta como quien silba.

He aquí al poeta hermano, innecesariamente evocado en otoño porque hace mil años que nacimos juntos en la cuna de piedra de nuestro idioma y convivimos agrios.

He aquí su tierra llana, como pecho tras el que combate un corazón de pan y de amapolas y de avispas en aquellos veranos lúcidos.

He aquí a su esposa en la que quizás siembra palabras o estremecimientos húmedos en el proceso del amor que nunca acaba.

He aquí nuestra causa, comunal como un monte o una playa, que algunas veces se nos pone entre los dientes y sólo podemos pedir patria o clase sometida, hermano, sometida.

He aquí el granito de su canto popular y limpio y la bandera roja que nos viste conjuntamente, preludio del sudario. De “Con pólvora y magnolias” Versión de Eloísa Otero y Manuel Outeiriño