Versiones del Vasco: Xabier Kintana
se convirtió en su enemigo y fue Caín. Mas se propuso dar muerte a los más preciados, y a los más estimables hizo perecer. Abrió ayer una brecha en los cuatro hijos de “Ezra” tomando el llanto más dulce que el vino. Por los dos que están lejanos gimo, pues veo al Destino blandiendo las armas. Pregunto por Yosef y me dicen: ¡espera! Por Yĕhudah, y me responden: ¡falta!
pues los ángeles de dios se encontraron contigo, grabaron la Torah en las tablas de tu corazón y te ciñeron con sus bellas coronas. No tendrán fuerza los sabios para sostenerse si no imploraran de ti la sabiduría.
¡Ay!, mis ojos se apagaron, de mi casa fui sacado, mi rostro no habéis de ver ni mis hijas ni mis hijos. Regresad a mis palacios, ¿por qué lloráis ante mí? Gran amargura por vosotros siento, pues contra mí se ha alzado la mano de Adonai.
Mi mal no tiene cura, pues el día de mi muerte abandoné mi casa y renuncié a mi heredad. Mi descanso es para siempre. Se ensombreció mi gozo, se truncó mi deseo y fracasaron mis planes. Gran amargura por vosotros siento, pues contra mí se ha alzado la mano de Adonai.
Crié hijos, pero en ellos no pude complacerme; me esforcé en vano, meses hueros fueron mi heredad, bajo tierra planté mi tienda, en la fosa me sumergí; al sĕ’ol me llevaron cuando fui despojado de mis hermosas galas. Gran amargura por vosotros siento, pues contra mí se ha alzado la mano de Adonai.
¡Haced duelo por mí, pueblo mío! ¡Llevad mi paz a mi joven huérfano! ¡por él siento compasión! No se sale ni se entra a este lugar: regresé al seno de mi madre, a mi morada eterna; se oscureció la luz de mi día porque subieron muy alto mis nubes. Gran amargura por vosotros siento, pues contra mí se ha alzado la mano de Adonai.
por decirme que han dado muerte a Sĕlomoh. Troca mi corazón, troca tu poema en lamento, pues llegó su quebranto cuando esperaba su paz.
que estremecido tiembla ante su ausencia y dice: ¡perezca el día en que fui engendrado! ¡Ojalá no hubiera visto yo este mundo no hubiera contemplado la muerte del muchacho! No hubiera contemplado …
¡Cómo he quedado de pronto privado de ese hijo que crié y eduqué! Hundo en el polvo mi frente, pues por su hermosura me han dado muerte. Con él esperaba gloriarme, me sentía orgulloso de él para el mañana, sin saber lo que iba a depararme. No hubiera contemplado…
¡Piedad, tened piedad de mí, vosotros mis amigos! Ha tomado el Señor de entre mis brazos la luz de mis ojos, el hijo que hacía mis delicias. Lo he purificado con el agua de mis lágrimas, lo sepultaré entre mis costillas, para poder decirle a cada instante: “¡Corazón! ¡corazón mío! ¡entrañas, entrañas mías!” ¡Pereció mi corazón al fallecer ese niño! No hubiera contemplado…